Psicoterapia

 

Niños y Adolescentes

La psicoterapia con niños y adolescentes se ocupa de disminuir el sufrimiento subjetivo, resolver síntomas de conducta y contribuir con el progreso emocional, social y cognitivo durante el desarrollo. Se hace gracias a la comprensión del modo de sentir y pensar infantil, brindando soporte emocional, ayudando a resolver conflictos interpersonales, y practicando con el paciente soluciones novedosas para problemas repetitivos. Todas las formas de psicoterapia se proponen producir cambios en el modo de pensar, de sentir, de relacionarse con otros, o de conducirse. En este artículo se abordarán diferentes modelos de abordaje psicoterapéutico.

En nuestro medio los más difundidos son el psicoanálisis, la terapia cognitivo-comportamental (TCC) y la escuela sistémica. También se describirá la terapia grupal y la utilización de la tecnología informática y de comunicación (TIC) en psicoterapia de niños y adolescentes. Por último, se brindan pautas orientativas para la elección del tipo de psicoterapia.

La sicoterapia ayuda a los niños y adolescentes de varias maneras. Ellos reciben apoyo emocional, les ayuda a resolver conflictos con otras personas, a entender emociones y problemas y a tratar soluciones nuevas para sus problemas viejos. Las metas de la terapia pueden ser específicas (cambios en el comportamiento, mejora en sus relaciones con los amigos o familia), o más generales (menos ansiedad y mayor autoestima). La duración de la sicoterapia depende de la complejidad y gravedad de los problemas.

Trastornos Emocionales y de Conducta

El abordaje de las emociones, así como de los estados emocionales y su gestión, afortunadamente se está instaurando como estructura básica en el contexto psicológico y educacional. Este auge ha sido consecuencia, fundamentalmente, del aumento de patologías asociadas a aspectos emocionales, o lo que entendemos como trastornos emocionales (celos, miedos, ansiedad, depresión, etc.). Tradicionalmente, estos trastornos se asociaban a una población adulta. Hoy en día, no solo pertenecen a este tipo de población, sino que también se incluye la población infantil.

En el trabajo psicoterapéutico de los trastornos emocionales se abordará (se valorará cada caso) percepción, la práctica, el entrenamiento y el perfeccionamiento de las emociones y/o sentimientos especialmente experimentados como negativos (la rabia y sus explosiones, la tristeza y su aislamiento, la inseguridad y la autoestima…). Así como valorar qué tipo de estrategias se utilizan para gestionar estas emociones negativas. Interviniendo a partir de un análisis funcional de la conducta, con el objetivo de identificar qué nos quiere decir el paciente y cuáles son los factores que provocan y mantienen la conducta.

La intervención es individualizada, ya que se ajusta a cada paciente, teniendo en cuenta sus necesidades y sus puntos fuertes, así como la dinámica familiar y los recursos escolares. Está basada en técnicas cognitivo-conductuales y se realiza de forma multidisciplinar, por lo que se combina la intervención psicoeducativa, con la formación en el entorno familiar y social y con sesiones de coordinación con la escuela, en los casos en los que sea necesario. Como ya se ha dicho anteriormente, nos basamos en las variables comunes que tienen las intervenciones más recomendadas y actuales, con base y evidencia científica, a partir de las cuales se podrá llevar a cabo un abordaje:

Individual: identificar, conocer, gestionar y regular las emociones y/o conductas a partir de un trabajo individual. Se trata de explorar conjuntamente con el paciente (y los miembros familiares u otros si es el caso) su manera de entender y gestionar las experiencias y los sentimientos emocionales, y qué estrategias usa para gestionar las emociones (tanto emociones propias como emociones o experiencias emocionales de las otras personas). Recogida la información relevante podremos trabajar, por ejemplo, a través de dinámicas de juego, simulando experiencias emocionales en un marco intraindividual o en un contexto social… Y, a la vez, poder ir dando herramientas al paciente para que pueda ir integrando y aumentando su capacidad de la gestión emocional.

Grupal: identificar, conocer, gestionar y regular las emociones y/o conductas a partir del trabajo en grupo. Son muchos los pacientes que les es un reto el poder relacionarse con un grupo social y gestionar, en este, la dinámica emocional que se genera en los contextos sociales y de grupo. Por este motivo, pensamos que la interacción con otras personas es indispensable para un buen aprendizaje emocional y relacional. Es decir, si entendemos nuestras emociones y las de los otros y sabemos cómo interpretarlas, reaccionar, gestionar y regularlas, la relación con los otros será mucho más positiva y el paciente se sentirá mucho más gratificado, comprometido y seguro de sí mismos.

Objetivos concretos que se abordan

  • El conocimiento de los propios sentimientos y emociones y los/las de los otros.
  • Aprender a observar atentamente las otras personas.
  • Aprender a través de elementos no verbales: gesticulaciones, expresiones faciales, etc.
  • Escucha atenta.
  • Ser capaz de comprender a los otros.
  • Gestionar de forma efectiva los propios estados emocionales y los de los otros.
  • Expresar interés por los otros.
  • Conductas prosociales.
  • Trabajar con los valores básicos (respeto, tolerancia, responsabilidad, igualdad, etc.).
  • Gestión de la frustración y autocontrol.
  • Autodeterminación.
  • Seguridad en uno mismo.
  • Ansiedad y estrés.

Trastornos de Aprendizaje

Los trastornos del aprendizaje tienen un origen neurológico, tienen un importante componente conductual y emocional.

Se interviene combinando técnicas de diagnóstico convencionales con las más novedosas. Así, se podría dividir el diagnóstico en dos partes: evolución y desarrollo, y exploración del niño.

Se busca conocer, a través de la historia clínica, cómo ha sido el desarrollo psicomotor y la conducta del niño desde el embarazo hasta la actualidad. Por otro lado, la fase de exploración sirve para complementar este conocimiento y, mediante diferentes cuestionarios, valorar las capacidades actuales del niño. Algunos de los más utilizados son:

  • Wisc-IV: es un cuestionario usado para medir el Coeficiente Intelectual del niño y descartar este factor como causante del bajo rendimiento escolar.
  • Prolec y Talec: estos cuestionarios valoran si el niño tiene algún problema con la lectura o la escritura, habilidades afectadas por trastornos como la dislexia o la disgrafía.
  • Bender: se usa para conocer el grado de maduración psicomotriz del niño y ver si su desarrollo es acorde con la edad que tiene.
  • D2: con este cuestionario se evalúa la capacidad del niño para mantener la atención, ayudando a detectar un posible Trastorno por Déficit de Atención (TDAH).
  • Como complemento al diagnóstico convencional, ya se están empezando a aplicar técnicas de neurometría como el mapeo cerebral o QEEG, aprobado por la US Food and Drug Administration (FDA), para proporcionar un diagnóstico más certero de los Trastornos de Aprendizaje. Con esta herramienta se puede realizar un análisis de la actividad eléctrica del cerebro del niño para comprobar si hay alguna área que no trabaje correctamente.

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Problemas de Socialización

La intervención va orientada a crear un espacio y dedicar un tiempo en el que el niño sea el protagonista y acompañarlo durante el proceso. Por supuesto individualizando el proceso para cada niño o adolescente, según su edad y sus necesidades.

Un espacio para él, donde se sienta confiado y seguro, sin sentirse juzgado.

Mi papel es actuar como facilitadora, reguladora y acompañante en su proceso, no como una figura directiva, sino como alguien cercano, siempre con los límites preestablecidos y creando un vínculo entre ambos, vínculo que forma parte de la terapia.

Primero se averiguan los motivos de la consulta a través de los padres, del propio niño o adolescente y de los profesores, en los casos en que sea necesario.

Tras explicar al paciente (niño o adolescente) cuál es mi papel, empatizar con él y validarle, profundizamos en las dos primeras sesiones con un análisis funcional. Se trata de ir averiguando cuáles son las áreas problemáticas a trabajar y el origen de todas ellas. Dicho análisis conlleva un intercambio de información con el niño o adolescente y un trabajo con él desde el primer momento.

A partir de dicho análisis funcional la terapia utilizada en consulta es experiencial, es decir el niño o el adolescente observa y discrimina su propio comportamiento, así como los costes de sus comportamientos a corto y a largo plazo.

Asimismo, adquiere la habilidad de identificar sus eventos privados como pensamientos, emociones, sensaciones, recuerdos y trabajar para no fusionarse con ellos, aprendiendo a distanciarse y a tomar perspectiva, adquiriendo así un repertorio conductivo alternativo.

Se trabaja ayudando a conectar con las áreas valiosas de su vida, se trabaja también la aceptación, el yo observador, la creación de un espacio entre ellos y sus eventos internos, la discriminación de los costes de sus conductas, así como el compromiso dirigido hacia sus áreas vitales de valor.

Todo ello a través de: ejercicios experienciales múltiples ejemplos, metáforas y juegos en el caso de los niños, es decir, a través de un contexto motivacional.

Este proceso lleva el niño o al adolescente a aprender a discriminar y regular sus emociones y pensamientos, permitiéndole una mayor capacidad de resolución de sus conflictos y una mayor flexibilidad conductual de cara a resolver las dificultades que le han traído a la consulta.

Habitualmente se dedican varias intervenciones a trabajar también con los padres, de cara a unificar objetivos y a que las pautas de actuación con respecto al niño, vayan al unísono, con la finalidad de ayudar lo mejor posible al niño o al adolescente.

En muchas ocasiones también es importante que los profesores del niño o del adolescente, trabajen junto con nosotros por lo que es muy frecuente que entre en contacto con ellos. De esta forma trabajamos en la misma dirección con padres y profesores para conseguir el mayor beneficio del niño o adolescente.

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Trastornos Neurológicos

El trastorno de síntomas neurológicos funcionales, antes conocido como trastorno de conversión, consiste en síntomas o déficits neurológicos que se desarrollan en forma inconsciente e involuntaria y, en general, afectan una función motora o sensitiva. Las manifestaciones son incompatibles con los mecanismos fisiopatológicos o las vías anatómicas conocidos. El inicio, la exacerbación o el mantenimiento de los síntomas de conversión se atribuyen frecuentemente a factores mentales como el estrés o traumatismos. El diagnóstico se basa en los antecedentes después de haber excluido los trastornos físicos. El tratamiento comienza estableciendo una relación de apoyo coherente entre el médico y el paciente; la psicoterapia puede ayudar, al igual que la hipnosis y la fisioterapia.

El trastorno de síntomas neurológicos funcionales es una forma de somatización, la expresión de fenómenos mentales en forma de síntomas físicos (somáticos).

El trastorno tiende a aparecer durante los últimos años de la infancia o el comienzo de la edad adulta, aunque puede aparecer a cualquier edad. Es más frecuente entre las mujeres.

Los síntomas de este trastorno a menudo se desarrollan abruptamente, y en ocasiones pueden ocurrir tras un evento estresante. Típicamente, los síntomas incluyen déficits aparentes de la función motora voluntaria o sensitiva, pero a veces incluyen movimientos temblorosos y consciencia deteriorada (lo que sugiere convulsiones) y posturas anormales de las extremidades (lo que sugiere otro trastorno neurológico o físico general). Por ejemplo, los pacientes pueden presentar deterioro de la coordinación o el equilibrio, debilidad, parálisis de un brazo o una pierna, pérdida de sensibilidad en una parte del cuerpo, convulsiones, falta de respuesta, ceguera, diplopía, sordera, afonía, dificultad para tragar, sensación de una masa en la garganta y retención urinaria.

Los síntomas de este trastorno a menudo se desarrollan abruptamente, y en ocasiones pueden ocurrir tras un evento estresante. Típicamente, los síntomas incluyen déficits aparentes de la función motora voluntaria o sensitiva, pero a veces incluyen movimientos temblorosos y consciencia deteriorada (lo que sugiere convulsiones) y posturas anormales de las extremidades (lo que sugiere otro trastorno neurológico o físico general). Por ejemplo, los pacientes pueden presentar deterioro de la coordinación o el equilibrio, debilidad, parálisis de un brazo o una pierna, pérdida de sensibilidad en una parte del cuerpo, convulsiones, falta de respuesta, ceguera, diplopía, sordera, afonía, dificultad para tragar, sensación de una masa en la garganta y retención urinaria.

El trastorno neurológico es la preocupación y el miedo de tener o adquirir un trastorno grave. El diagnóstico se confirma cuando los miedos y los síntomas (de haber alguno) persisten durante ≥ 6 meses a pesar de haber tranquilizado al paciente después de una evaluación médica detallada. El tratamiento incluye establecer una relación de apoyo consistente entre el médico y el paciente; la terapia cognitivo-conductual e inhibidores de la recaptación de serotonina pueden ser útiles

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Pautas de Crianza

Para poner en práctica la crianza positiva, es imprescindible que en casa exista una parentalidad positiva. Esto quiere decir que ambos progenitores tienen que tener claras las pautas a seguir en la educación y en la crianza de sus hijos e hijas y remar en una misma dirección. De nada sirve que cada uno actúe de una forma o que se desautoricen uno delante del otro.

Conocer y aceptar las capacidades, habilidades y limitaciones de los niños y niñas en cada momento de su desarrollo.

La terapia y modificación de conducta está ligada fundamentalmente a los supuestos conductuales, y su investigación académica y posterior aplicación a la población es la que ha generado un mayor número de técnicas para el tratamiento de trastornos, si bien es cierto que otras corrientes quizás sin tanta variabilidad de técnicas introducen terapias y tratamientos igualmente eficaces (fundamentalmente orientaciones cognitivas y sistémicas).

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